El proceso desamortizador llevado a cabo en 1.835 con el cierre de muchos conventos provoca en Medina Sidonia que muchas imágenes sean reubicadas en distintos templos, perdiéndose todo tipo de documentación sobre las mismas. Este es el caso de nuestros Titulares, tras la exclaustración del Convento-Hospital del Santo Nombre de Jesús (actual Parroquia de San Juan de Dios) se elabora un inventario en el que no consta la existencia en la iglesia de imagen de la Virgen Dolorosa, sí la existencia de un Crucificado con la advocación de “Cristo de los Milagros” aunque tampoco coincide con nuestro Titular; con lo que no podemos saber en qué momento llegaron a nuestra Parroquia, su procedencia o si fueron titulares de alguna Cofradía extinguida.

 SANTÍSIMO CRISTO DE LA RECONCILIACIÓN Y PAZ

Los datos que poseemos sobre la imagen del Señor, se extraen del informe técnico elaborado por don Juan Carlos García Díaz con motivo de su restauración entre 1.994 y 1.995.

La imagen se podría fechar hacia el último tercio del siglo XVI, y su autoría se atribuye al círculo de Juan Bautista Vázquez “El Viejo” considerado como el mejor escultor del momento, quien trabajó por esa fecha en la construcción del retablo mayor de nuestra Iglesia Mayor de Santa María Coronada, está tallado en madera de cedro y pino de Flandes y su altura es de unos 165 cm aproximadamente. La escultura no es de bloque macizo, así está ahuecada en su parte central que corresponde a la espalda-tórax; la misma concebida en su modelado de un gusto exquisito, contrasta el rictus de los ojos con la caída de la cabeza abajo y a la derecha en el óbito de la muerte. Presenta los mismos síntomas de rigidez muscular típicos de la muerte, destaca la belleza del modelado del torso así como el sudario dorado a “regatinos”. La corona de espinas se labra en la misma cabeza de forma serpenteante, el gesto del cuerpo, pese a su composición es de gran belleza formal, de destacar en las piernas la policromía de la sangre en paralelo y a bandas.

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES

Es talla anónima que se podría fechar hacia el siglo XVIII, de 160 cm de altura y de candelero para ser vestida. La imagen llega a nuestros días reformada por el escultor-imaginero gaditano Luis Enrique González Rey quien en 2.002 la restaura realizando una nueva encarnadura, suaviza sus rasgos y le coloca ojos y lágrimas de cristal, también le construye un nuevo candelero que la hace más elegante y manos abiertas que la dotan de más movimiento. La Virgen, pálida y demacrada por el llanto, presenta la mirada baja, los ojos quedan enmarcados por unas cejas finamente gubiadas en su nacimiento y por pestañas de pelo natural colocadas en los párpados superiores; labios entreabiertos con los dientes superiores tallados y cinco lágrimas surcan sus mejillas. En sus manos porta un rosario, una orquídea de orfebrería y un pañuelo de encaje.

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